martes, diciembre 05, 2006

6 de diciembre de 2006

El “Show Business” de la gente fea.
La semana pasada hubo acontecimientos inusitados para México. El nuevo Presidente rindió protesta entre golpes y sombrerazos. El espectáculo alcanzó uno de los más altos “ratings” de los que se tenga registro en la televisión mexicana. Si así se comportan los representantes, ¿Qué esperan de sus representados?

No puedo aceptar que los legisladores tengan comportamiento pandilleril. Se supone que deben ser quienes, con prudencia y probidad, definan y actualicen nuestras leyes, sin embargo parece que para ellos existen otros intereses a los que dan prioridad. Las escenas de la Cámara de Diputados al principio me divertían, pero de la risa pasé pronto a la preocupación y la molestia. ¿Qué podemos esperar de esta legislatura? El País tiene problemas serios que requieren la atención de nuestros políticos. Se supone que ellos nos representan, para llegar a acuerdos y hacer posible que mejoremos la calidad de vida, en particular de los que menos tienen.

Los diputados del llamado “Frente Amplio Progresista” siguen en el absurdo de que, por una parte, desconocen al Presidente por considerar que hubo fraude en la elección, y por otra, aceptan los resultados de su propia elección que fue organizada y sancionada por las mismas instituciones y con las mismas reglas del juego que dieron el triunfo a Felipe Calderón. Sólo aceptan las leyes y procesos institucionales que convienen a sus intereses (incluyendo sus salarios por supuesto). ¿En donde quedan tantos años de esfuerzos para construir un País democrático?

Tal vez, lo más lamentable es la oportunidad perdida para los mexicanos que más apoyo necesitan. La fuerza que tomó el PRD en la elección pasada es un claro mensaje de la sociedad. Los ciudadanos exigen un mejor futuro para quienes están en desventaja. El partido que enfatizó las propuestas sociales fue el PRD y por ello logró la votación más alta de su historia. En lugar de cumplirle a sus representados buscan quedar bien con su líder, quien parece haber perdido la brújula de las causas de los demás.

Los diputados del PAN tomaron actitud de bravucones. Para evitar que la tribuna estuviera tomada por los legisladores del “Frente”, ellos la tomaron. En lugar de solicitar que personal de seguridad, de la propia Cámara de Diputados, se encargara de desalojar la tribuna, lo hicieron ellos mismos. Pretendieron tomar el papel de policías, con sueldo de diputados.

Los legisladores del PRI demostraron su colmillo político, llegaron con banderas en mano y con su presencia se logró el Quórum de ley. A pesar de ser la tercera fuerza han aprovechado con astucia las circunstancias. Buscan ponerse como los sensatos mediadores entre las fuerzas en disputa.

Tiene razón un amigo, que define a la política como el “Show Business” de la gente fea.

Protestas y te vas.
El primero de diciembre todo era tensión. Parecía muy difícil que Felipe Calderón Hinojosa pudiera rendir protesta en ese escenario. Entró la señal oficial de la televisión y, de pronto, vimos a Felipe Calderón en el estrado tomando protesta, tenía a un lado al ex-presidente Vicente Fox, quien cargaba en sus manos la Banda Presidencial. En menos de cuatro minutos terminó el acto.

La reacción de los diputados del PAN fue lamentable. En lugar de ponerse a la altura de las circunstancias, se burlaron de sus adversarios con el estribillo de “si se pudo”. Ahora, además de las diferencias que ya existían, se sumarán los agravios de este proceso. Mientras tanto, los legisladores del PRI están felices de ver lo bajo que han caído sus adversarios y se frotan las manos por la gran oportunidad que se les presenta, de ser quienes decidan hacia donde se inclina la balanza. Los panistas y perredistas están dando al PRI la capacidad de decidir, que el pueblo les había quitado en las urnas.

El mensaje de Felipe Calderón, en el Auditorio Nacional, me recordó al PRI en sus buenos tiempos. En lugar de un acto republicano que llamara a la concordia, presenciamos un evento que parecía la celebración de un triunfo partidista. Se armó el escenario hasta con indígenas vestidos como a los turistas les gusta verlos. Las interrupciones por aplausos fueron frecuentes. No hubo menciones del gobierno saliente (¡Muera el Rey!, ¡Viva el Rey!). El llamado a sus adversarios, para trabajar juntos, tuvo un tono más de amenaza que de invitación.

La integración del Gabinete de Calderón fue una mezcla de lealtades y compromisos políticos, con capacidades técnicas. El mensaje en el ámbito económico es que continuarán las políticas de estabilidad macroeconómica. La integración del gabinete en seguridad promete que habrá firmeza. En el ámbito social no se ve equipo para rebasar por la izquierda. Más que atender necesidades sociales parece que se enfatizará el evitar problemas políticos.

Con la nueva administración federal se presenta una nueva oportunidad para mejorar. El inicio de un sexenio es el momento de confiar en quienes han sido designados para los diversos puestos públicos. Hagamos cada día mejor nuestro trabajo y exijamos que los funcionarios hagan cada vez mejor el suyo.